08 Avr 2008 - 04:33:46
La campaña electoral, texto y contextoLas elecciones presidenciales del 2009, pueden ser un momento normal de alternancia, es decir de un cambio de equipo administrador por otro equipo administrador, puede ser también un cambio de Gobierno, es decir, la sucesión de Gabinete de gobiernos diferentes, entendiendo que las riendas de la administración, se domicilian en el Consejo de Ministros o Gabinete que no es votado por el pueblo; puede ser el inicio de un cambio de régimen y estaríamos frente a una especie de transición y, como sabemos, toda tradición supone la derrota de un régimen y su sustitución por otro.
Por ahora los protagonistas se mueven de manera diferente en un escenario movedizo y dinámico: en primera línea están por supuesto los partidos políticos que como parte del estado juegan un juego con reglas ya establecidas, están las clases dominantes con un juego vinculado a su nueva condición de poder planetario, las clases gobernantes que como usufructuarias del control de los aparatos de estado necesita defender la utilidades, de todo tipo, que supone ese control, el movimiento popular que con agenda propia se sitúa frente a los aparatos partidarios buscando el camino para una participación más segura y conveniente en el proceso electoral. Por su parte, Washington se maneja oscilantemente en una aparente falta de preferencias electorales.
Sabido es que toda campaña electoral es, al mismo tiempo, política en la medida en que concita las confrontaciones realmente existentes: los malestares, temores, odios tal como corresponde a las luchas por el poder o a las luchas de los poderes. Estos dos componentes, lo electoral y lo político, se encuentran y desencuentran en los procesos aunque lo visible y publicitado sea lo relacionado con el voto ciudadano que no debe confundirse con la elección ni de política ni de alternativa de parte del pueblo.
La sociedad conoce dos candidatos presidenciales y ARENA ha sufrido, en este parto de un alumbramiento penoso y pedregoso. Su candidato no cuenta, por ahora, con el respaldo de todas las derechas y esta inusitada situación resulta desequilibrante porque el candidato presidencial ARENERO es heredero de los resultados de 20 años de gobierno y el éxito de esa política gubernamental tiene postrado al país, sin moneda propia, sin agricultura, sin seguridad alimentaría, sin empleo, sin salud, sin vivienda, sin educación, sin patria, sin sueño propio, desangrándose en el desierto de Arizona y con una delincuencia invencible y poderosa. Resulta claro que ARENA no puede presentar los hechos como fundamentos de su campaña ni puede responder por la situación que su política ha producido, por eso su discurso muy probablemente se moverá hacia el populismo que en ningún caso deberá confundirse con lo popular, pero que podría tener resonancias hasta Social Demócratas.
El FMLN no aparece ni parece, por ahora, muy a la izquierda de ARENA, pero si como oposición partidaria, y tomando en cuenta que una parte del capital globalizado no tendría ningún problema mayúsculo en apoyar la candidatura de este partido y que no toda la derecha, por ahora, parece respaldar al candidato de ARENA, resulta no remoto un decantamiento favorable al FMLN de parte de sectores oligárquicos y de derecha; esto supone un discurso adecuado a estos intereses y una postura también adecuada frente a temas neurálgicos.
Así las cosas, ARENA tiene un candidato presidencial sin todas las credenciales para ganar las elecciones pero podría manejar un discurso populista que, sin ser atractivo para todas sus bases areneras, si lo sea para los más populares y también para aquellos sectores sociales que sin ser militancia partidaria decida votaciones, por su parte el FMLN cuenta con un candidato con más posibilidades de ganar pero con un discurso no atrayente para la mayoría de sus bases partidarias ni para los votantes que no militan partidariamente, pero esperan y quisieran posiciones o posturas más claras, y rotundas ante problemas emblemáticos.
Es cierto que el discurso no decide todo, es cierto que el programa electoral no es, necesariamente, el programa de gobierno, todo esto es cierto, pero la palabra dicha ha de estar preñada de realidad y capturar la subjetividad y la imaginación de los seres humanos que van a votar, requiere, para la oposición, más compromiso que promesa y para el pueblo más confianza en sus propias fuerzas.
El Movimiento Popular se atiene, por eso, a los hechos, a los resultados de la política gubernamental, a las posiciones frente a problemas concretos y construye su propio programa, independiente y valedero frente a cualquier gobierno venidero, porque todo cambio verdadero viene de abajo y de adentro, el cielo mismo está ahora en la tierra, donde siempre ha estado.
Dagoberto Gutiérrez
Diario Co Latino
Por ahora los protagonistas se mueven de manera diferente en un escenario movedizo y dinámico: en primera línea están por supuesto los partidos políticos que como parte del estado juegan un juego con reglas ya establecidas, están las clases dominantes con un juego vinculado a su nueva condición de poder planetario, las clases gobernantes que como usufructuarias del control de los aparatos de estado necesita defender la utilidades, de todo tipo, que supone ese control, el movimiento popular que con agenda propia se sitúa frente a los aparatos partidarios buscando el camino para una participación más segura y conveniente en el proceso electoral. Por su parte, Washington se maneja oscilantemente en una aparente falta de preferencias electorales.
Sabido es que toda campaña electoral es, al mismo tiempo, política en la medida en que concita las confrontaciones realmente existentes: los malestares, temores, odios tal como corresponde a las luchas por el poder o a las luchas de los poderes. Estos dos componentes, lo electoral y lo político, se encuentran y desencuentran en los procesos aunque lo visible y publicitado sea lo relacionado con el voto ciudadano que no debe confundirse con la elección ni de política ni de alternativa de parte del pueblo.
La sociedad conoce dos candidatos presidenciales y ARENA ha sufrido, en este parto de un alumbramiento penoso y pedregoso. Su candidato no cuenta, por ahora, con el respaldo de todas las derechas y esta inusitada situación resulta desequilibrante porque el candidato presidencial ARENERO es heredero de los resultados de 20 años de gobierno y el éxito de esa política gubernamental tiene postrado al país, sin moneda propia, sin agricultura, sin seguridad alimentaría, sin empleo, sin salud, sin vivienda, sin educación, sin patria, sin sueño propio, desangrándose en el desierto de Arizona y con una delincuencia invencible y poderosa. Resulta claro que ARENA no puede presentar los hechos como fundamentos de su campaña ni puede responder por la situación que su política ha producido, por eso su discurso muy probablemente se moverá hacia el populismo que en ningún caso deberá confundirse con lo popular, pero que podría tener resonancias hasta Social Demócratas.
El FMLN no aparece ni parece, por ahora, muy a la izquierda de ARENA, pero si como oposición partidaria, y tomando en cuenta que una parte del capital globalizado no tendría ningún problema mayúsculo en apoyar la candidatura de este partido y que no toda la derecha, por ahora, parece respaldar al candidato de ARENA, resulta no remoto un decantamiento favorable al FMLN de parte de sectores oligárquicos y de derecha; esto supone un discurso adecuado a estos intereses y una postura también adecuada frente a temas neurálgicos.
Así las cosas, ARENA tiene un candidato presidencial sin todas las credenciales para ganar las elecciones pero podría manejar un discurso populista que, sin ser atractivo para todas sus bases areneras, si lo sea para los más populares y también para aquellos sectores sociales que sin ser militancia partidaria decida votaciones, por su parte el FMLN cuenta con un candidato con más posibilidades de ganar pero con un discurso no atrayente para la mayoría de sus bases partidarias ni para los votantes que no militan partidariamente, pero esperan y quisieran posiciones o posturas más claras, y rotundas ante problemas emblemáticos.
Es cierto que el discurso no decide todo, es cierto que el programa electoral no es, necesariamente, el programa de gobierno, todo esto es cierto, pero la palabra dicha ha de estar preñada de realidad y capturar la subjetividad y la imaginación de los seres humanos que van a votar, requiere, para la oposición, más compromiso que promesa y para el pueblo más confianza en sus propias fuerzas.
El Movimiento Popular se atiene, por eso, a los hechos, a los resultados de la política gubernamental, a las posiciones frente a problemas concretos y construye su propio programa, independiente y valedero frente a cualquier gobierno venidero, porque todo cambio verdadero viene de abajo y de adentro, el cielo mismo está ahora en la tierra, donde siempre ha estado.
Dagoberto Gutiérrez
Diario Co Latino
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